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Niños Sordos, Desigualdades Y Exclusión

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sábado, 23 de noviembre de 2013

Niños Sordos, Desigualdades Y Exclusión

Con el fin de dar cabida a la inclusión educativa en la escuela, el profesorado ha de centrar sus máximos esfuerzos en tratar de integrar a todos los niños por igual bajo las mismas condiciones. Esto es, que si hay alumnos en el aula con Necesidades Educativas Especiales (NEE) como lo es la sordera los profesores deben sobreponer su empeño en hacer que el alumnado se sienta cómodo, seguro, en un ambiente de confianza plena tanto con sus compañeros como con sus profesores.
Es precisamente en la etapa infantil en la que los niños absorben todo tipo de energías (buenas y malas), donde se llevan sus primeras impresiones y donde todo lo preguntan. No ha de ser nada fácil para un niño que lleve audífonos que sus compañeros estén todo el rato preguntando qué es eso que lleva puesto y para qué sirve.
Justamente, para evitar este tipo de cuestionario tan molesto para los pequeños, el propio profesorado ha de tratarlos a todos por igual, dejar de ver la sordera como un problema que sin duda alguna afectará al menor para su aprendizaje, ha de incluirlo dentro de la pequeña sociedad del aula, hacer que sus compañeros interactúen con él de la misma manera que lo hacen con los demás y tratar de evitar con ello todo tipo de desigualdades y de exclusión en la escuela.
Porque es en la escuela donde comienzan los primeros atisbos de aislamiento social. Si el niño desde pequeño percibe que sus compañeros, inocentes que ignoran que se trata de una dificultad bastante seria, se ríen de él, no quieren estar con él y la profesora no emplea una metodología basada en la igualdad y participación activa, lo más probable es que el niño llegue a sentirse incómodo y que incluso llegue a rechazar la escuela. Si es en ese ambiente donde pasan la mayor parte de tiempo y se siente excluido de ella, muy probablemente llegue a sentirse excluido también de la sociedad. Entonces ya no hará más que preguntarse una y otra vez por qué él ha de llevar audífonos.

Original

domingo, 9 de septiembre de 2012

Castigos físicos aumentan agresividad


Los niños a los que se castiga físicamente se vuelven más agresivos y pueden sufrirproblemas de desarrollo intelectual, es la conclusión de un estudio que publica laRevista de la Asociación Médica Canadiense.

Tras analizar investigaciones realizadas durante los últimos 20 años sobre castigos corporales, la doctora Joan Durrant, del Departamento de Ciencias Sociales de la Familia de la Universidad de Manitoba, y Ron Emson, del Hospital Infantil del Este de Ontario, observaron que hay un aumento en la agresividad hacia padres, hermanos y otros niños, y después a sus parejas, por parte de quienes en la infancia son castigados con golpes.

"Virtualmente sin ninguna excepción, estos estudios revelaron que el castigo físico está asociado con mayores niveles de agresión. El castigo corporal tiene un efecto causal directo en la exteriorización de comportamiento, ya sea a través de una respuesta reflexiva al dolor, modelización (se alienta un tipo de comportamiento con el ejemplo) o procesos familiares coercitivos", dicen los investigadores.

El estudio también indica que el castigo físico está asociado con problemas mentalescomo depresión, ansiedad y el consumo de drogas y alcohol. Una teoría es que el castigo físico puedecambiar áreas en el cerebro vinculadas al rendimiento en pruebas de coeficiente de inteligencia y aumenta la vulnerabilidad de la dependencia de drogas y alcohol.
Investigadores de la Universidad de Londres, en un estudio anterior publicado en Current Biology, ya habían señalado que los niños expuestos a violencia intrafamiliar o abuso muestran cambios en sus cerebros parecidos a los de soldados que han participado en combatesIr a la nota

jueves, 30 de diciembre de 2010

Síntomas de diabetes en niños pequeños

La diabetes mellitus tipo 1, la insulino dependiente, es una de la enfermedades crónicas más frecuente en la infancia. Pero llegar a dar con el diagnóstico no es tan sencillo, la edad media a la que son diagnosticados los niños son los ocho años. Por eso, es muy importante reconocer a tiempo los síntomas para detectar la diabetes en niños pequeños.

Uno de las mayores preocupaciones es que en los niños pequeños es más que factible que los síntomas pasen desapercibidos porque son bastante inespecíficos, pero no identificarlos podría tener complicaciones para su salud.

Según un estudio realizado por la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP), la mitad de los niños menores de 5 años y casi el 70 por ciento de los niños menores de dos años diagnosticados con diabetes ya tenían cetoacidosis.

La cetoasidosis es una complicación grave derivada de la falta prolongada de insulina en el organismo y que en el peor de los casos puede llevar al coma diabético.

Los casos de diabetes tipo 1 en los niños ha aumentado en los últimos años y el futuro no es nada esperanzador. En la actualidad la padecen el 5 por ciento de los menores de 5 años y se cree que de aquí a diez años se duplicarán los casos.

Ante este panorama es muy importante detecar a tiempo la diabetes en niños pequeños.

Orina frecuente, incluso que el niño empiece a mojar la cama de forma frecuente cuando ya no lo hacía
Sed constante: al perder líquido a través de la orina siente sed constantemente
Hambre excesiva
Pérdida de peso inexplicable
Cansancio
Irritabilidad
Visi ón borrosa
Naúseas o vómitos
Dolor abdominal
Mal aliento
Por exagerado que pueda parecer, si el niño presenta alguno de estos síntomas, es mejor prevenir que curar. Debéis comentárselo al pediatra quien valorará si es necesario realizar una prueba para confirmar o no la enfermedad.

viernes, 24 de diciembre de 2010

El etiquetado de los juguetes peligrosos

Con frecuencia, más de la que nos gustaría, nos enteramos de retiradas de juguetes del mercado por su posible riesgo para la salud de los pequeños. Hace pocos días, el Consejo de Ministros ha dado un paso necesario al respecto aprobando una nueva norma de etiquetado en juguetes peligrosos. Concretamente, en juguetes inflamables o con compuestos químicos.

Es un nuevo decreto que introduce en la ley española las modificaciones efectuadas en la normativa europea a raíz de nuevas clasificaciones sobre la composición de los juguetes, y que a la vez prohíbe o limita la presencia en los juguetes de sustancias o mezclas de sustancias perjudiciales para la salud o la seguridad de los niños.

Por más cuidado que pongamos al escoger los juguetes de nuestros hijos, los padres desconocemos en ocasiones la peligrosidad que pueden llegar a tener. Lo suyo es que el etiquetado sea lo más minucioso posible y especifique en detalle los riesgos.

Según la nueva ley, el etiquetado deberá incluir una advertencia si por “razones imprescindibles de funcionamiento” el juguete tuviera que contener sustancias o mezclas susceptibles de implicar algún riesgo, como es el caso de los juguetes químicos, de modelismo, modelado plástico o cerámico, fotografía y otros. Deberán contener también una indicación de las precauciones que se deben adoptar al manipular el juguete.

Además, deberá especificar “de forma concisa” los peligros del juguete y mencionar los primeros auxilios que habrá que prestar en caso de accidentes graves provocados por su uso, así como una indicación de que esos juguetes han de mantenerse fuera del alcance de niños de muy corta edad.

Los juguetes son uno de los artículos de consumo más peligrosos, por lo que creo que toda advertencia es poca cuando se trata de la seguridad de los más pequeños. Aún así, todavía quedan medidas por reforzar, por ejemplo las relacionadas con las piezas pequeñas y el riesgo de asfixia..

sábado, 18 de diciembre de 2010

Temor a la oscuridad en los niños

Uno de los miedos más frecuentes en la infancia es el miedo a la oscuridad. Suele aparecer en los niños aproximadamente a partir de los tres años y durar hasta los ocho o nueve años.

El miedo en los niños, al igual que en los adultos, es un estímulo que nos hace estar alerta ante determinadas situaciones. La oscuridad hace aflorar en los pequeños los pensamientos negativos, los personajes terroríficos de los cuentos, el temor a los monstruos, a los fantasmas, a los ogros, a la soledad…

Son muchos los niños a los que no les gusta dormir en la oscuridad total. El miedo a la oscuridad aparece por la noche, en el momento de irse a la cama, cuando el niño se encuentra solo en su habitación. Es un momento crucial para los ellos.

Lo primero que debemos hacer es suprimir la oscuridad total. Lo mejor es dejar encendida una luz tenue, la luz del pasillo o la del baño. Hay luces de noche especiales para la habitación de los niños. Algunas se enchufan, otras se colocan en la pared y también las hay portátiles, las cuales pueden ser transportadas por el niño por si quiere ir al baño en mitad de la noche.

Luego, tenemos que crear un ambiente en el que el niño se sienta seguro. Podemos crear un ritual antes de ir a dormir en el que les acompañemos leyéndoles un cuento, poniendo la habitación lo más confortable posible y disminuyendo los estímulos externos.

No es aconsejable que los niños vean la tele antes de irse a dormir ni que jueguen demasiado alterados. Las horas previas antes de dormir deberían ser lo más relajadas posible. De otra forma, el ambiente hace más propenso que surgan los miedos y las ansiedades. Cualquier imagen que hayan podido ver en la tele podría alterarlos.

Una buena alternativa para superar el miedo a la oscuridad es recurrir a los libros infantiles que hablen sobre el tema, sobre la oscuridad y el momento de irse a la cama, y también hacer juegos en la oscuridad como jugar con linternas, a las sombras o a encontrar cosas.

A los miedos hay que intentar superarlos para que no se tranformen en fobias. Para ello hay que normalizarlos y hacerles frente. Lo más habitual es que el niño vaya perdiendo el miedo a la oscuridad gradualmente.

En alrededor del 3 por ciento de los casos los miedos se transforman en fobias. Si crees que tu hijo tiene un miedo a la oscuridad desproporcionado que, aún tomando medidas, persiste, lo mejor será consultar con un especialista.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Forzar a los niños a leer a temprana edad no es recomendable

Aprender a leer es un hito muy importante en la educación infantil. Si bien hay expertos que aconsejan empezar a leer a edades tempranas como los tres años y así tener buena parte del camino andado cuando se empieza la etapa primaria, hay otros, con los que coincido más, que se vuelcan por no forzar a los niños a leer demasiado pronto.

Según la experiencia vivida con mi hija mayor, que acaba de cumplir los seis años, estoy más con la teoría de que aprender a leer es un proceso madurativo que no hay que intentar adelantar, igual que lo es comenzar a andar o a hablar. Cada niño va a su ritmo y obligarlos a leer cuando aún no están preparados, al igual que en otras cosas, no es acertado.

Hay teorías ciéntificas que apoyan esta postura. El acto de leer depende de la capacidad de nuestro cerebro para relacionar e integrar el área visual con las áreas auditiva, lingüística y conceptual. Cada una de estas áreas tiene una maduración independiente y su integración depende de dicha maduración y de la velocidad a la que esas zonas pueden ser conectadas.

Por lo general, las regiones que necesitan estar mielinizadas para leer no lo están lo suficiente hasta los cinco años de edad, incluso después. Puede ser contraproducente en algunos niños que el aprendizaje de la lectoescritura empiece antes de los cinco o seis años.

A parte de lo madurativo, no veo educativo forzar a un niño a hacer algo que aún no ha demostrado interés por aprender. Hay un aprendizaje no reglado como fomentar las habilidades sociales, el juego creativo, la autoconfianza, que es más adecuado para la edad preescolar.

Hay niños a los que la lectura se les da muy naturalmente a los tres o cuatro años, pero forzar a los niños a leer demasiado pronto no es lo óptimo para su desarrollo.